Tratamiento de elección
El manejo de las várices esofágicas que se presentan en pacientes con enfermedades crónicas del hígado (que terminan en cirrosis) debe ser endoscópico en primera opción.
Tratamiento endoscópico de várices esofágicas en pacientes con enfermedad hepática crónica.
Primera línea de tratamiento para el manejo de várices esofágicas en pacientes con enfermedades crónicas del hígado.
El manejo de las várices esofágicas que se presentan en pacientes con enfermedades crónicas del hígado (que terminan en cirrosis) debe ser endoscópico en primera opción.
Mediante el endoscopio se colocan bandas elásticas alrededor de las várices, interrumpiendo su flujo sanguíneo y promoviendo su obliteración de forma segura.
La ligadura previene la rotura de várices esofágicas, una complicación potencialmente fatal de la cirrosis hepática. Se realizan sesiones periódicas hasta la obliteración completa.
Las várices esofágicas son dilataciones venosas en el esófago que aparecen como consecuencia de la hipertensión portal, frecuentemente asociada a cirrosis hepática de cualquier etiología.
El método más utilizado. Se colocan bandas elásticas alrededor de las várices mediante el endoscopio. Es el procedimiento más simple y con menos complicaciones para las várices esofágicas.
Inyección de sustancias esclerosantes directamente en las várices. Conlleva mayor riesgo de perforación e infección local que la ligadura; se reserva para casos específicos.
El tratamiento endoscópico se complementa con medicamentos que reducen el flujo sanguíneo hacia las várices (betabloqueadores), disminuyendo el riesgo de resangrado.
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